Millo

Las variedades locales se caracterizan por:

  • Mayor adaptación a condiciones climáticas adversas como primaveras lluviosas y frescas.
  • Alta resistencia ante enfermedades fúngicas y plagas de insectos.
  • Vigor de crecimiento superior (early vigor) en los primeros estadios de desarrollo vegetativo.
  • Generalmente compiten mejor contra las malas hierbas en las primeras fases de crecimiento.
  • Campo de millo de Tenerife
  • Las variedades tradicionales de millo pueden soportar condiciones ambientales que afectarían seriamente a muchos híbridos comerciales, esto les concede una estabilidad productiva mayor. Su valor radica en los genes para determinados caracteres (resistencia ante enfermedades y plagas, calidad nutritiva y adaptación a condiciones desfavorables), además del uso potencial de caracteres, que a pesar de no ser reconocidos actualmente, podrían ser considerados como imprescindibles.

Unida a la variación intervarietal se encuentra la enorme diversidad genética intravarietal, ésta genera la conocida heterogeneidad morfológica de las variedades locales.

El rendimiento de las variedades locales adaptadas es muy cambiante, primero se realiza su caracterización y posterior evaluación agronómica. En el caso de las variedades más prometedoras, se efectúan diversos ciclos selectivos dentro de la población, antes de añadirlas a un programa de mejora para eliminar los defectos básicos. Ejemplos de esto último son la poca resistencia al encamado, excesiva heterogeneidad de plantas o delimitar el ciclo vegetativo de maduración.

La clasificación de variedades locales en grupos que comparten determinados caracteres diferenciadores supone ventajas con fines de catalogación, además de justificar las relaciones entre las mismas e indicar sus orígenes, punto esencial en los programas de mejora genética. La creación de grupos también permite la preservación de genotipos de millo, cuyo coste es mucho menor que si se desarrollara con cada una de las variedades locales concretas.

En los años 50 y del mismo modo que en otros países europeos, en España comenzaron acciones orientadas a la recuperación del patrimonio genético vegetal del millo.

Campo de millo de Tenerife

En determinadas zonas se han sustituido las variedades locales tradicionales por variedades comerciales originarias del Corn Belt.

Ampliar la base genética del millo y otros ejemplares es fundamental, continuando con estudios de caracterización de variedades y cultivares primitivos. Éstos se conservan en bancos de germoplasma de muchos centros de investigación y mejora genética localizados alrededor del mundo.

El objetivo de la preparación del terreno es obtener una tierra mullida en profundidad, además no debe quedar hueca ya que una vez trabajada tiene que ser asentada sin apelmazar. La capa exterior deberá quedar correctamente nivelada y sin terrones. Las labores tendrán como objetivo privar de malas hierbas al suelo en el momento de la siembra.

Las labores preparatorias para la siembra están constituidas por tres fases:

  1. Laboreo primario (alzar-binar): formado por las labores iniciales que derivan a la cosecha del cultivo anterior. En ellas se levanta y entierra el rastrojo, se quitan las malas hierbas y se deja la superficie del terreno libre para recibir y retener las lluvias. Además, permite el exterminio de los gérmenes patógenos y parásitos antes de sembrar.
  2. Laboreo secundario: se encarga de preparar la tierra para la siembra. Su propósito es que la superficie del suelo se encuentre en el mejor estado de agregación y libre de malas hierbas, para proceder con la siembra cuando la humedad de la tierra sea adecuada. Para desarrollar estas labores se pueden usar: la rastra de dientes de resorte (retráctiles), rastra de dientes fijos, cultivador, rotovator, gradas, etc.
  3. Labores culturales: basadas en mantener la plantación exenta de malas hierbas y con la superficie del terreno mullida. En ciertos casos también se encargan de acondicionar la tierra para el riego, añadir tierra a la base de las plantas (aporcar, corte o despenachado de las flores masculinas para acelerar la maduración del grano), etc.

Tras seleccionar la semilla más adecuada para los requisitos en cada caso (tamaño, forma y variedad), es imprescindible colocarla de forma correcta en el terreno para conseguir los bienes esperados.

Hace algunos años la siembra de millo se realizaba a mano en muchas regiones españolas. Los métodos más comunes eran la siembra a golpes y la siembra a chorrillo. Este método es inadecuado económicamente hablando, con el cultivo extensivo de las nuevas variedades híbridas, se continúa usando en varias zonas agrícolas de Canarias, Galicia y otras regiones en las que cultivan pequeñas superficies. La siembra a golpes o a chorrillo (con más de una semilla por golpe) se debe completar con aclareos y escardas a mano.

Espiga de millo de Tenerife

Actualmente existen bastantes tipos de sembrados de millo, su uso agiliza el trabajo además de hacerlo más cómodo, por lo tanto aumenta notablemente la productividad de la mano de obra.

Independientemente del sistema de siembra que se utilice, lo importante es seleccionar bien la variedad , que esta madure uniformemente y que sean resistentes al encamado.

Elegir correctamente la época de siembra es uno de los factores más importantes para conseguir una buena producción de millo. La misma está determinada por las condiciones climáticas anuales unidas al ciclo de la variedad que se utiliza.

Por norma general, las siembras tempranas acostumbran dar mejores resultados que las siembras medias o tardías.

Para que la semilla germine bien necesita como mínimo 13ºC en el terreno. Si la temperatura está entre 10-13ºC la germinación es lenta, las semillas pueden ser atacadas por hongos y otros organismos del suelo con más facilidad.

En Canarias, en zonas más frías (el norte de Tenerife) el millo se plantaba entre marzo y abril, aunque al tratarse de un cultivo que requiere calor la época ideal es en mayo, junio y julio.

Es el número de semillas que se tienen que sembrar por unidad de superficie. La densidad de siembra está determinada por la distancia entre líneas y la separación de las semillas dentro de cada línea. El rendimiento en el cultivo del millo quedará condicionado por el número de plantas por unidad de superficie y la buena distribución de las mismas.

Las densidades de siembra de 6 a 8 plantas por metro cuadrado son comunes para los recientes híbridos simples comerciales de millo, que pueden soportar mayores densidades de plantas. Mejorar los híbridos también juega un papel importante en el incremento de los rendimientos, los más actuales están adaptados a mayores densidades de plantas y elevadas fertilizaciones.

Para obtener una buena vegetación y una buena explotación del terreno no debe sembrarse a menos de 25 cm entre plantas en la línea, ni a más de 40 cm. La separación entre líneas puede variar entre 50-100cm, pero es recomendable reducir esta última distancia sin pasarse de los 60 cm.

En el norte de Tenerife son frecuentes densidades de plantación entre 40.000 y 60.000 plantas por hectárea.

La profundidad de siembra depende de diversos factores, como el estado y la naturaleza del suelo (estructura y textura) y el clima en el momento de la siembra.

En las condiciones más idóneas de germinación (estructura fina, grado de humedad cercano a la capacidad de campo y temperatura superior a 13ºC), la profundidad de siembra debe estar entre los 3 y 5 cm.

En los suelos secos y arenosos la siembra debe ser estar entre 8 y 10 cm de profundidad para conseguir el contacto de las semillas con la humedad y que se produzca la germinación.

Si la tierra tiene textura arcillosa, no se debe pasar de 8 cm de profundidad en cualquier caso.

Para conseguir buenos rendimientos es primordial contar con una semilla de calidad.

Las semillas de calidad deben cumplir las siguientes características:

  • Apropiada calidad tecnológica, determinada por características medibles en laboratorio y campo, además de por el proceso de producción y manipulación (pureza varietal, poder germinativo, sanidad, vigor, tamaño, etc.).
  • Las propiedades varietales como prueba del patrimonio genético que encierra cada semilla.
  • Posibilitar una buena ejecución de siembra.

La semilla seleccionada es por consiguiente, la semilla de buen grano que pertenece a una buena variedad.



Notas:

Resumen elaborado por el Ingeniero Técnico Agrícola Francisco Baute, asesor Técnico de ACETE en el período de siembra campaña 2014.


Bibliografía:

Millán Martín, Cristina. 2010. Caracterización morfológica y polinización de 50 variedades locales de millo, Zea mays L. de Canarias. La Laguna.